9. ¡A la fronda todo! [Informe Pentalfa] por naKh ab Ra (*

Nos deslizan tres sobres por el buzón de la clínica, con reproducciones de obras de tres simbiontes de la espesura. Empezamos por el detalle de las “pieles” y “cortezas” expuestas sobre la superficie de la hoja, relevándose ante nuestra doble mirada óptica y psíquica. Sin admitir la menor distracción comparativa enfocamos la empiria de cada brote: manchas, haces, motas, ofitismos, licuefacciones, más todas sus sígnicas cualitativas: grados de presión, acentos del trazo, estados de coma. Si nos abstrajéramos del foco diríamos que cunden pieles de leopardo, de serpiente, plumajes y escamas (el glam prehomínido). Pero en cuanto al rigor mismo de las brotaciones (detectarlas es nuestro oficio) son corporeidades de producción desántropa y no-fantásmata (es lo inquietante). Tales corporeidades son hendiduras hacia fenomeníos de informacion viva (lo confirmamos a primera vista y segunda miración). Y no por ello dejan de informar aspectos humanoides y geográficos del extensum, llegando a bosquejar escenas de intrigas galantes –cabría llamarlas–. Bien saben lo que implica la simbiosis en nuestra traducción libre: interpenetración de agregados, lo que a la vuelta de árbol da en conspiración. Es a esta intriga a la que también apunta la Clínica Pentalfa en sus rastreos. Se manifiesta una atracción voluptuosa por los valores indiscernibles, tanto como la invitación –la tentación física– para captarlos: “Seducidas por la espesura”, está escrito con lápiz en el borde inferior de una ilustración. Evidentemente es el magneto de La Fronda (pernocten acá una semana, con estos testimonios a la vista) y es la espesitud de las interfases = la división celular expandida que durante días y noches lee y relee los adeenes del entorno: exhalan, evaporan (como el irupé mesopotámico que gatilla a kilómetros a la redonda), llegando a olfatearse su exhalación proliferante desde cualquiera de nuestras tres clínicas instaladas en el área: Tetragrammaton, Pentalfa y Baphomet.  

Las avenidas hacia lo vivo merecen sus peajes: ustedes lo practican como demiurgos y nosotras lo captamos por psicurgas, y es justo aquí donde hallamos algunos inconvenientes para ustedes: junto a los fenomeníos de información viva restallan aquellos todavía más físicos de la “vasta vivificación” [evento gnóstico por excelencia, registrado desde hace más de dos milenios], vinculado al código resurrexit perseguido desde Roma hasta hoy. Por ejemplo registramos agrupaciones de esqueletos revividos como cardumen, atravesando a medioaire (navegando) el claro central de baobabs. Por el mismo código se suceden taumaturgias de tipo anorgánicas: la acefalización, como ya saben, desde el caso del Caballero Verde en la Edad Media y el más cercano de André Masson, entidad aquí resurgida surfeando un “dragón” que desde ya es un emblema de la información viva  y cabalgable de las corrientes telúricas. Esto se continúa en una suerte de pequeño Pan o daemon poblado de pájaros = medios intensivos de comunicación, lengua de los pájaros. El bosquecillo de intrigas se advierte población que transmite sin pausa a través del álogon, desestimando de plano el logos (confirmado). Sea con posibilidades de éxtasis o domas –de los sub-códigos de álogos–, montando señaléticas que esquivan los stocks de las colectoras de energías.

Aquí bosque se hace de bosquejos que son dispositivos de entitesis. Se perciben a millas de las tesis supervisables por nuestros códices globales. Sus transmisiones muestran frecuencias de onda espectrales, líneas de fractura de la estabilidad de las formas naturales / reales, en definitiva bosquejos entre bosquejos: “¡A la fronda todo!”, se ventilan entre sí quienes operan. Su bosque total es una ingeniería forestal si astral, lo que viene a confirmar que tales obras son una fermentación gremial, que con mayor precisión estipularon los alquimistas que ustedes encuadran desde hace siglos: “fecundaciones astrales en el gremium matris terrae”, dijeron alguna vez. Fermentación tan afín a las infatuaciones espíritas que por aquí rampan mutuales, es decir recíprocas, que cabrá aguardar masivas transferencias de signos a través del hormiguero intermedio, aquél caldo pre-semiótico detectado tardíamente en polos bancarios y terciarios. Mientras tanto, a la altura intermedial de los soplos, el hervidero llega a su máxima suspensión: se constatan efectos alantes, dehiscentes y paletados, reptantes y surfers, que por su densificación hacia lo volátil y viceversa, generan plasmas de información prehomínidos. De allí los plásmatas que leímos en Dick, a quien nuestra pragmática desestima como autor de ficción: vamos directo al hueso disociante del gesto en la escritura, allí donde se revelan las sociedades separadas (para eso nos siguen contratando) o más precisamente la comunidad de las imaginaciones separadas [de la facultades, claro]. 

¿Qué hacen esas imaginaciones y estos entrelazamientos de plumas y lianas? Hacen la nave (literal). Como la que hubiera querido hacer el colectivo Association of Autonomuus Astronauts allá por los años 90 en Londres, si bien equivocaron de plano el método. La única ingeniería no pasible de intervenciones estatales o corporativas es la ingeniería astral disociada: asociada a otras fases. En estas obras la vemos trabajando en su plano meteorológico: éste indica todos los manierismos de una nave ambiental. Arquean todas las señales y trazos hacia un vector helicoidal o de torbellino que es también de sumergimiento en la espesitud. Exaltación de un ritmo sin métrica –decíamos–, es decir de timbres, de llamadas “telefónicas”, señales de rituales inauditos. Es decir efectivos haces de MA-TR. Ustedes saben: MA-TR es la antigua cifra haitiana de Maître o Maîtresse: quienes entrenan las naves. Más la subsiguiente clave roja: [des]MA-TR = sofiología de la desmatrix. Igual que los astrónomos nosotras damos nombres pop –es decir míticos–, a ciertos descubrimientos, confiando en su traducción automática. Desde hace años seguimos la capacidad-para-espíritus que cada MA-TR porta, en su decidida afrenta hacia los principios de peaje de la semiosis deíctica y significante. 

Tal provocación no viene de las personas (sus vidas pueden ser metaestables), sino de su desactuarse en trazos, filamentos, cableados y ductos, que aunque los ignoran por completo, sin embargo se los agregan por otra parte, donde nadie se gasta en programar (es el poder del dado). A veces sus emisiones contienen citas a otras simultáneas: se producen detonaciones de data no-marcada. Un haz de actividades en montaña rusa, con la deposición abrupta de los candados discursivos del dibujo a favor de un gasto gestual aluvional. Por eso sedimenta, en el campo de intrigas y suspensos de algunas de sus obras, un acento de “dolce far niente”. Esto será porque contactan con el impasible “I know something”, estribillo del oportunamente medicado Roky Erickson, que desde antes de empezar ya cantaba que “sabía algo”. Descansan mientras actúan: hay camuflaje. Saben mientras no se forman: hay adivinación. Y se transforman para el informe subrepticio. Y así atisban cada conato de serpiente informalescente que avanza entre correas y cuerdas. Y así también las relaciones sub-formales de sus semióticas muestran que subyacer liminarmente es una operativa eficaz: sensibles a la vera de cualquier aparición, de una o varias culebras MA-TR surgiendo de estanques y lagunas.

Nada de esto será sencillo para las capturas de métodos y recursos. Ya que una aguda adivinación metódica del redor (sin la duda como método), achispa el escándalo de que el hallazgo fortuito es más preciso, incluso por dolce far niente, que el hallazgo por proyecto. Desafío para algunos componentes pensadores de nuestras clínicas. “Licencia para cada envolvente, la disolvente y el disoluto”, se insinúan entre sí enfatizando el borde licencioso de sus penetraciones de la cantidad. Hay un regusto por las relaciones promiscuas aunque suspensas, no perentorias, entre signos, sustancias sexuales, alientos, cadenas mágicas, mancornaciones arborescentes y jinetes de dragón [ = pilotos de semiosis].

Sus señales son fuertemente atractivas y repelentes, una precipitación de electros a todas palmeras, a todas plumas, a todas aletas, a todas frutas, a todo mar. ¿Algo arcimboldesco o boschico (bósquico, claro)? O, para que se nos entienda tal como se nos intuye: el enclave es un tatuaje ilimitado que según sus cribas que basculan intersectándose, hacen pasar o no combinaciones homoplásmatas, directamente vinculadas a la reparación de circuitos de sus naves. Tatuajes de fluidos derramados a tierra, de radiografía de plantas intermedias, denotando su eros de placas tectónicas. De allí que MA-TR, la Continua Informante [aquella Isis-Sophia de dos milenios] se les escape desde entonces hasta hoy: se encuentra en continuo camuflaje paisajístico. Tales emisiones pueden aparecer como ilustración o cine, no importa, pero siempre son conocimiento físico de las imágenes, un “eros del conocimiento”, más los medios para inducirlo, por no decir viajarlo, “descansando” a la vera de una emergencia de culebra MA-TR. 

Un principio neoclásico de La Organización era: “No hay conocimiento sin argumento”. Pero estos actos de percepción guardan su escritura en otra parte, según una vía neuronal con otras terminales nerviosas. Realizándose a una gran velocidad intensa y extensa, con una precisión que le da calce contrapuntístico a la palabra “no-conocimiento”, que saborea su fruto desde el vamos ( = “I know something”, cantaba Roky), gestado en la mismísima boca sibilante de la serpiente: ¿una manzana o un huevo? ¿Acaso no hay algo remotamente paradisíaco por aquí, en estas actuaciones? Donde el huevo está sostenido en flotación por la proyección de las exhalaciones-ambiente, listo para dar y recibir más embriones… No harán buenos científicos pero serán las máximas antenas: nada que pueda tranquilizar a su sector axiomático de ventas.  

A esta altura es fácil concluir que este grupo de señales en obra opera el triple proceso forestal de la vasta vivificación, del código-resurrexit más una fuerte [des]MA-TR. A veces estamos tentadas de asociarlos a los procesos vudutrónicos atlantes, que se contagiaron hace milenios hacia el actual Brasil. En la clínica Tetragrammaton que incluye la magia estelar ( = oceánica) entre sus archivos, circula que las magas y magos bajo el Atlántico proceden del “hundimiento de la Atlántida”, quienes inmediatamente se volvieron espíritus con cuerpos de pez, de ranas y serpientes-maitresse, con amplias redes de back-up espírita. Hoy continúan sus teurgias bajo el océano, en su templo cableado a profundidad (milenios antes de Internet) cuyas transmisiones pasan por el códice “vasta vivificación” que, como ya lo vieron actuar, revive lo que suena: prrrr-mmnnn –citamos–. Están allí abajo todavía, con capacidad de intervenir “cintas”, “cuerdas” y “candados”: “La descodificación es el terror de las formas sociales”, escribió un filósofo oceánida.

Terminamos citándoles –para matizarles la empiria clínica– aquellas pretéritas artes que nos recuerdan éstas, labrando sus mensajerías a través de la fuerza decorativa de la piedra y el bronce, por ejemplo en los bordes de los estanques y en las puertas de los laberintos. Una progresión iniciática por desprogramada, que conduce sin sendas a través de las fuerzas ornamentales / elementales. No por nada aquí el transformismo sigue trabajando los exudados, los trazos, los gestos culebreantes [“the crooked path”, se le llama a la brujería sabática en Gales], envueltos en un caos secreto, no-relatable, a veces contactable a través de la invocación “¡A la fronda todo!”. Y simplemente se trata de la auto-organización de la materia subiendo a la superficie de nuevo, gracias a unos coletazos de monstruo marino que avanza velocificando las bajadas y subidas de las naves (pueden ser casi juguetes), de los maridajes inter-específicos, de las fracturas de niveles, de las apariciones dentadas, plumosas, esqueléticas o escamadas, de corteza (cerebral) y de membrana (natatoria), Es el scratching en espiras de los tatuajes que informan teatros de sombras y dispositivos optoelectrónicos: sus tecnologías de punta…

Fuimos, vimos y no lo desmentimos: tales técnicas continúan siendo derrotables pero seguirán siendo victoriales.